Al taquero no le importa si tú tienes prisa.
Le importa que regreses mañana.
Y no, eso no es romanticismo urbano.
Eso es branding ejecutado en silencio.
El tipo apurado entró, pidió seis tacos, pagó y se fue.
Transacción limpia.
Cero fricción.
Cero historia.
¿Le fue mal?
No.
¿Volverá?
Tampoco.
Porque el problema nunca fue el taco.
Fue la ausencia de ritual.
Las marcas que solo venden, sobreviven.
Las marcas que diseñan rituales, dominan.
El mayor error sobre branding (dejemos esto claro)
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