Dónde mueren las ventas.
La mayoría de las ventas no se pierden cuando el cliente dice “no”.
Se pierden mucho antes.
En ese limbo silencioso donde dicen “sí me interesa” pero no dan un paso.
Ese infierno tibio donde todo parece avanzar…
hasta que desaparecen
como si nunca hubieran existido.
La gente no te ghostea porque cambió de opinión.
Te ghostea porque tú no les diste un camino tan claro
que fuera imposible equivocarse.
Porque salieron de tu llamada pensando:
“Luego veo qué sigue…”
Y cuando piensan eso, ya te borraron del mapa.
El interés no es compromiso.
El interés es una fogata sin leña.
Se ve bonita un ratito… y luego se muere.
El compromiso es otra cosa.
Es cuando el prospecto siente
que el siguiente paso ya está decidido,
no porque él lo pensó…
sino porque tú lo lideraste.
Los mejores vendedores del mundo
(Cardone, Belfort, Tracy, Victor Antonio, Chet Holmes)
no están de acuerdo en muchas cosas;
unos cierran a gritos, otros con psicología, otros con proceso.
Pero hay un punto donde los cinco se inclinan igual,
como si escucharan el mismo tambor de guerra:
La claridad cierra.
La ambigüedad mata.
Porque no es la oferta.
Es el handover.
La mano extendida.
El “aquí sigue el camino”.
El “esto pasa después”.
El “yo te llevo”.
No necesitas más leads.
Necesitas momentos de compromiso más fuertes.
Puentes más sólidos.
Siguientes pasos que no se puedan ignorar.
En este juego, no gana el que tiene más prospectos.
Gana el que deja menos espacio para que se escapen.
Una venta vive o muere en el segundo en que decides guiar…
o asumir que el cliente lo hará solo.
Y los clientes, en este mundo de ruido y ansiedad,
no siguen caminos que no estén dibujados.
Siguen a quien les dice, sin temblar:
“Así avanzamos. Y avanzamos ya.”