Ese poder de Eleven que no entiendes.

En el pueblo todos creen que un logo basta.

“Ya tenemos branding”, dicen, con la misma seguridad
con la que los adolescentes de Hawkins
juran que no hay nada bajo sus camas.

Pero tú sabes que algo se mueve ahí adentro.
Algo más grande.
Algo que no se ve… pero se siente cuando apagan las luces.

El logo es apenas la bicicleta que dejas tirada frente a la casa de Mike.
La identidad visual, las luces de Navidad que Joyce cuelga desesperada.

Pero el branding… el branding es el monstruo:
vive debajo de todo, respira detrás de las paredes.

Imagina como si fuera Hopper mirando un rastro de huellas:
El logo es señal.
El branding es significado.
Uno se diseña.
El otro te persigue.

El branding está en la forma en que contestas cuando estás cansado,
en la promesa que cumples cuando nadie ve,
en el servicio que das incluso cuando todo se pone al revés…
como en Hawkins.

El logo es la cara.
El branding es ese poder de Eleven que no entiendes,
pero sabes que te hace fuerte.

Pero que cuando aparece,
abre puertas, detiene monstruos,
vive en el mundo oculto donde tus clientes deciden
si eres un recuerdo más…
o una marca imposible de olvidar.