Las campañas que convierten son las más claras.

Si quieres contexto de este post, te recomiendo leer primero:

Las campañas que funcionan no son las más bonitas.
“Oye, ¿por qué esta sí jaló… y la otra no?”, preguntó el dueño de la empresa. Revisando por qué esa campaña se disparó en ventas, mientras otra de la misma empresa, mismo presupuesto nomás hizo ruido, llegué a que la diferencia estaba en tres preguntas que ni parecen de marketing,

Ahora sí...

Hubo un punto en el que mis juntas dejaron de girar alrededor del diseño y empezaron a girar alrededor de algo más incómodo.

Las ventas.

No el alcance.
No los likes.
No el “está bonito”.

Las ventas.

En ese momento empiezas a notar un patrón que se repite en industrias, tamaños de empresa y presupuestos distintos:
las campañas que sí convierten no son las más creativas…
son las más claras.

Y claridad no es simplificar el mensaje.
Es quitar fricción.

Porque el cliente no está pensando:
“¿Me gusta esta marca?”

Está pensando:
“¿Qué pasa si esto no funciona?”
“¿Y si me equivoco?”
“¿Quién responde después?”

La mayoría de las campañas fallan porque intentan convencer, cuando lo único que el cliente quiere es comprobar.


El error silencioso que siguen cometiendo muchas marcas

Siguen atacando síntomas:

  • más tráfico
  • más creatividad
  • más presupuesto

cuando el problema real está en otro lado:
una sola duda no resuelta, justo antes del pago.

No diez.
No veinte.

Una.

El 68% de las ventas se pierden por dudas no resueltas, no por precio
Estudios de Gong y HubSpot muestran que:

  • El precio aparece como objeción inicial
  • Pero la causa real es falta de claridad, prueba o confianza
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