LEGO era esa marca que todos dábamos por hecho.
El juguete eterno. El ladrillito que nunca falla.
A principios de los 2000, la empresa se volvió loca: líneas de producto que nadie pidió, juguetes raros, líneas experimentales, parques temáticos, ropa, videojuegos.
Cada año agregaban más piezas, más colores, más moldes,