Algo que ningún MBA te enseña a hacer.

Roberto cuenta que un día llegó su empresa antes de las 8.
La gente afuera estaba a gusto: risas, pláticas, energía viva.
Pero cruzaron la puerta… y el ambiente se apagó de golpe.

Como si el trabajo les exprimiera el alma en segundos.

Ahí entendió algo simple y contundente: el problema no es la chamba… es el liderazgo.

Desde entonces empezó a tratar a su gente como lo que son, personas que llegan cargando vida, cansancio, hijos, deudas, sueños, miedos.

Lo que casi nadie entiende es esto: un líder no solo impacta resultados;
impacta hogares.

La forma en que tratas a tu equipo se va con ellos al carro, a la cena, a la cama.

Porque donde hay cuidado, hay compromiso.
Y donde hay compromiso, la empresa respira diferente.

Al final, la lección es simple: se trata de liderar para que la gente deje de perderse a sí misma cada vez que cruza la puerta.