Cuando la adrenalina se vaya.
Si tu negocio crece como quieres…
¿realmente te haría más feliz o solo más cansado?
Desde hace siglos alguien ya había dado una pista incómoda:
la tranquilidad no viene de tener más, sino de recortar deseos inútiles,
rodearte de buena gente y mejorar un poco cada día.
La verdadera prosperidad era simple: menos ansiedad, más presencia.
Cuando tu mensaje necesita demasiadas palabras,
el cerebro del cliente se desconecta.
En un mercado saturado, la confusión no castiga suave:
te borra del mapa.
La gente no premia al más ingenioso, sino al más claro.
Y cuando por fin entiendes eso, aparece el siguiente nivel:
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