Doblar la realidad con las manos.
En esa mesa entendí que el mayor obstáculo de un empresario no es el dinero… es tragarse el ‘no se puede’ de otra persona como si fuera verdad.
Reunión informal con seis empresarios.
Ese ambiente donde todos traen broncas que no quieren admitir.
Y uno suelta la frase maldita: “Eso no se puede. Ya lo intentamos.”
Antes de que alguien contestara, el más oldie del grupo (un cabrón que ya quebró dos veces y se levantó tres), se inclinó hacia adelante y dijo algo que nos dejó congelados: “no es que no se pueda… es que tú ya te rendiste antes de empezar. Nomás porque te compraste la limitación de alguien más.”
Contó que años, un cliente le pidió montar una planta industrial en tiempo récord.
Todos sus gerentes dijeron lo mismo: “No se puede.”
Viajó a otro país sin agenda.
Consiguió proveedores que ni lo conocían.
Reescribió toda su operación desde cero.
Durmió en el taller.
Perdió peso, ganó canas.
Y aun así, lo logró.
“¿Cómo supiste que sí se podía?”, le preguntó uno de la mesa.
“Porque una vez en la vida haces algo que todos juraban imposible y después de eso, ya no vuelves a operar desde duda. Operas desde certeza.”, contestó.
Hay gente que espera a que la realidad cambie.
Y hay otra que la dobla con las manos.