El consumidor te toca por todas partes.
Ese lead que llegó por Instagram,
ese mensaje en WhatsApp,
ese formulario nativo de Facebook…
no nació ahí.
Es el final visible de una cadena de impactos.
La gente no despierta, abre Facebook, ve tu anuncio y corre a comprarte.
Eso pasa solo en los cuentos que los gurús de TikTok venden para likes.
En la vida real, el consumidor te toca por todas partes antes de levantar la mano.
Vio tu anuncio.
No hizo click.
Pero se quedó con el nombre.
Luego vio tu logo en un post que ni es tuyo.
Le cayó otro anuncio mientras esperaba la comida.
Escuchó a una amiga mencionarte.
Le recordaste con un email.
Visitó tu web de pasada.
Y entonces, semanas después, llenó tu formulario.
Fue todo.
Siempre es todo.
Por eso las marcas que creen que “un canal convierte” viven frustradas.
No entienden que las ventas no son flechas.
Son capas.
Un sistema.
Un ecosistema donde cada impacto empuja
medio centímetro más al cliente hacia el “sí”.
El juego moderno es omnicanal, emocional y acumulativo.
No gana el que tiene mejor anuncio.
Gana el que conecta mejor las piezas.
El lead llega por un canal…
pero se convierte gracias a todos.