Kavak no es un Oxxo.

Hubo un tiempo en que ser famoso era caro.
Y justo por eso, confiábamos.

Las marcas grandes no podían darse el lujo de fallar.
Cada promesa rota costaba años.
Cada error se pagaba con reputación.

Hoy no.

Hoy la fama se compra.
La confianza… se asume.

Kavak lo entendió antes que muchos.
Fundada en 2016 en México.

Tecnología, inversión, titulares, una promesa que sonaba perfecta
para el momento correcto: comprar un auto usado sin fricciones.

Alcanzó valuación de 8,700 millones de dólares en 2021–2022,
convirtiéndose en uno de los unicornios más grandes de Latinoamérica.

Operó en más de 10 países en su pico de expansión.

El público aplaude.
Los inversionistas sonríen.
El algoritmo empuja.

La narrativa voló.
La visibilidad explotó.
La fama llegó rápido.

Demasiado rápido.

Porque cuando la promesa corre más rápido que la operación,
la historia se tuerce.

Un retraso.
Una queja.
Una experiencia que no coincide con el anuncio.

Y entonces pasa algo que casi nadie anticipa:
la fama no protege, expone.

Cada error pesa más.
Cada falla se amplifica.
No porque el producto sea terrible,
sino porque la confianza no alcanzó a llegar antes del reflector.

Entre 2022 y 2023, Kavak cerró o redujo operaciones en varios países
y realizó despidos masivos (reportes hablan de 20 al 30% del staff global).

Ahora mira al otro extremo del encuadre.

OXXO no presume nada.
No promete experiencias.
No habla de revolución.

Solo cumple.

Siempre abierto.
Siempre igual.
Siempre predecible.

No es sexy.
Pero es confiable.

Atiende millones de transacciones diarias.
Es uno de los retailers con mayor frecuencia de compra de México.

Y en el largo plazo, la confianza silenciosa gana más que la fama ruidosa.

No emociona.
Pero nunca falla.

El formato OXXO no cambia radicalmente.
La experiencia es predecible: sabes qué vas a encontrar,
sabes qué esperar y sabes que va a estar abierto.

Si bien OXXO no lidera en “amor de marca”.
Lidera en uso real.

La fama es un acelerador, no un cimiento.
Si no hay confianza debajo, acelerar solo te acerca más rápido al choque.

Hoy muchas marcas están invirtiendo en atención
como si fuera un activo eterno.

Pero la atención no perdona.
La atención se va.
La confianza se queda… o no vuelve.

La pregunta que define a cualquier negocio no es cuántos te ven,
sino cuántos te creerían si mañana fallas.

Porque fallarás.
Todos fallan.

La diferencia es quién recibe el beneficio de la duda
y quién recibe el juicio.

Puedes ser famoso sin confianza.
Un rato.

Pero ninguna marca sobrevive mucho tiempo
siendo conocida por lo que prometió y no cumplió.

Eso no es crecimiento.
Es una carrera hacia el abismo.

¿Tu marketing está construido para ser visto
o para ser creído?

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