La resaca del día siguiente

Si quieres contexto de este post, te recomiendo leer primero:

Consejos de tío borracho en Navidad.
Muchos dueños de negocios se atoraron porque creen que una buena idea es suficiente. Las ideas son baratas, como los consejos de tío borracho en Navidad. Sirven, te iluminan, abren puertas… pero una idea no paga la renta. Y el mercado no paga ideas: paga ventajas. Los negocios medianos que

El problema no es el tío borracho.
El problema es creerle… y luego diseñar el negocio alrededor de su consejo.

“Si el producto es bueno, se vende solo.”
“Con redes sociales se arregla.”
“Con tantito branding ya.”

Spoiler: no.

La mayoría de los negocios que se estancan no mueren por falta de ideas.
Mueren porque nunca bajaron una ventaja a tierra.

Ideas hay de sobra.
Lo que escasea es esto:

– Una decisión clara de a quién NO servir
– Un proceso que funcione incluso cuando el dueño no está
– Una propuesta que no dependa de descuentos para cerrar
– Una experiencia tan consistente que el cliente no dude, repita y recomiende

Ahí es donde muchos se quiebran.

Porque encontrar una ventaja real implica renunciar.
Renunciar a clientes incorrectos.
Renunciar a copiar al competidor de al lado.
Renunciar a seguir haciendo “lo que todos hacen”.

Y eso duele más que pensar otra idea bonita.


Aquí unos datos duros:

CB Insights analizó más de 100,000 startups fallidas:
42% mueren porque no resolvían un problema lo suficientemente importante.
No por falta de ideas. Por falta de ventaja clara percibida por el mercado.

Harvard Business Review encontró que empresas que compiten solo por precio tienen hasta 50% menos margen y ciclos de venta más largos.
O sea: venden… pero sangran lento.

McKinsey: negocios que logran diferenciar su experiencia (no solo su producto) pueden aumentar ingresos entre 10% y 15%, incluso en mercados saturados.

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