LEGO: el caos disfrazado de innovación.
LEGO era esa marca que todos dábamos por hecho.
El juguete eterno. El ladrillito que nunca falla.
A principios de los 2000, la empresa se volvió loca: líneas de producto que nadie pidió, juguetes raros, líneas experimentales, parques temáticos, ropa, videojuegos.
Cada año agregaban más piezas, más colores, más moldes, más costos.
Todo para “innovar”, pero sin un rumbo claro.
Resultado: operaciones atoradas, inventarios inflados, productos que nadie entendía. Y números rojos que asustaban al más valiente.
LEGO estaba perdiendo identidad, dinero… y el control.
Y ahí entra Jørgen Vig Knudstorp.
Un CEO que no se enamoró del caos creativo ni del glamour corporativo.
Llegó a cortar.
Cortar líneas sin sentido.
Cortar complejidad absurda.
Cortar el ruido que estaba hundiendo a la marca.
Regresó a lo simple.
Más conexión con la comunidad real.
Y con historias que ya movían emociones: Star Wars, Harry Potter, Batman.
Con esas decisiones, LEGO pasó de estar al borde del colapso
a convertirse en el gigante global que volvió a dominar la industria.
La enseñanza es directa: las empresas no mueren por falta de ideas; mueren por exceso de ideas sin dirección.
Cuando tu negocio pierde claridad, pierde dinero.
Cuando escuchas a tu mercado y podas lo que no sirve, creces.