¿Me puedes repetir eso, por favor?

Te voy a contar algo que nadie enseña, pero todos aprendemos a madrazos.

Un día alguien te suelta una falta de respeto.
No por valentía, sino por hambre de verte perder el control.
Ahí es donde la mayoría truena.
Tú no.

Quiere tu reacción.
Tu rabia.
Tu pleito.
Tu show.
No se lo regales.

Luego, con calma dile: “¿Me puedes repetir eso, por favor?”.

Si lo repite sin disculparse, rematas:
“Gracias por mostrarme quién eres.”

Y se acabó.
No se discute.
No se arregla.
Nomás se le quita el acceso a tu vida.

Ganas paz.
Pierdes basura.

Porque quien te falta al respeto no es un obstáculo: es un filtro.