Micro-luxuries, cuando la aspiración se vuelve chiquita y frecuente.
Eran las 7:40 de la mañana.
Fila larga. Gente con cara de lunes eterno.
Ahí estaba él.
Pidió el café caro.
El que no “necesitaba”.
Podría haber pedido el chico.
Podría haber hecho café en casa.
Podría haber ahorrado esos pesos.
Pero no.
Porque ese café no era café.
Era una declaración silenciosa: “Todavía tengo control sobre algo.”
Mientras la renta sube.
Mientras viajar se posterga.
Mientras comprar casa parece un chiste de mal gusto.
Ese vaso caliente era una victoria mínima.
Pequeña.
Portátil.
Diaria.
No resolvía su vida.
Pero la hacía soportable.
Antes aspirábamos en grande.
Hoy aspiramos en fragmentos.
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