Andrés Conesa. La disciplina que evitó que Aeroméxico desapareciera.
Antes de Aeroméxico, Andrés Conesa iba en camino directo a la élite del poder en México.
Hacienda.
Presidencia.
Relación directa con gente como Agustín Carstens.
El camino estaba trazado.
Mientras otros construyen empresas para llegar al poder,
él ya estaba ahí.
Y entonces tomó una decisión rara.
Se salió.
Pero no para irse a emprender.
Ni para levantar capital.
Ni para “seguir su pasión”.
Se salió para meterse a un problema que nadie quería.
Dos aerolíneas quebradas.
Sin dinero.
Sin dirección clara.
Sin futuro evidente.
Aeroméxico y Mexicana estaban en una zona extraña:
No eran totalmente privadas.
No eran totalmente del Estado.
No recibían rescate.
Pero tampoco tenían libertad.
Era el peor escenario posible.
Un negocio atrapado.
Y ahí es donde pasa algo que no se cuenta tanto.
Conesa no llegó como CEO.
Llegó como el que tenía que venderlas.
Su misión era deshacerse del problema.
El primer acto: vender, sabiendo que te quedas sin chamba
Primero vendió Mexicana.
Cumplió la mitad del encargo.
El problema empezaba a desarmarse.
Pero Aeroméxico seguía ahí.
Sin comprador claro.
Sin dirección definida.
Sin futuro asegurado.
En una especie de limbo extraño:
ni pública, ni privada, ni rescatable.
Y justo en ese momento, cuando el trabajo “ya casi estaba hecho”
le ofrecen regresar al gobierno.
El camino lógico.
Más poder.
Más estabilidad.
Menos incertidumbre.
Pero había un problema:
Aeroméxico todavía no estaba resuelta.
El segundo acto: la decisión que no tenía sentido en papel
Y aún así dice que no.
No porque no le convenía.
Sino porque sentía que no había terminado.
“No me podía ir y dejar a Aeroméxico en el limbo.”
Esa frase vale oro.
Porque ahí no está hablando el estratega.
Está hablando el tipo que ya se involucró emocionalmente con el problema.
Y eso es peligroso.
Pero también, es lo que separa a los operadores reales de los advenedizos.
El tercer acto: entrar sin saber
Cuando se queda, pasa algo que casi nadie dice en voz alta:
No sabía operar una aerolínea.
Cero experiencia.
Cero referencia.
Cero playbook.
Y aún así entra.
Por eso puedes leer hasta aquí.
Pero la mejor parte de este post viene a partir de este punto.
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