El arte de matar lo que ya no vende.
Una empresa también puede engordar.
No de grasa visible.
Engorda de productos que ya nadie compra.
De servicios que nadie pidió.
De promociones que confunden.
De reportes que nadie lee.
De frases que suenan importantes pero no cambian una sola venta.
De procesos que nacieron para resolver un problema que ya ni existe.
Desde afuera parece crecimiento.
Desde adentro parece trabajo.
Pero muchas veces solo es peso muerto.
Y el mercado, tarde o temprano, cobra cada kilo.
Porque cuando un negocio carga demasiadas cosas, no solo se vuelve más caro de operar.
Se vuelve más difícil de entender.
Y en un mercado donde el consumidor anda más cauto, más desconfiado y más selectivo, la claridad ya no es un lujo. Es supervivencia.
En México, el Indicador de Confianza del Consumidor se ubicó en 44.1 puntos en marzo de 2026, con una caída mensual de 0.3 puntos y una baja anual de 2 puntos, según INEGI.
No es un dato decorativo.
Es una señal: la gente está midiendo más, dudando más y justificando mejor cada compra.
Ahí entra una herramienta muy simple.
Cuatro palabras.
Eliminar.
Reducir.
Incrementar.
Crear.
Se llama matriz ERIC.
Y aunque suena como herramienta de consultor con plumón caro, en realidad es una pregunta que no a todos les gusta:
¿Qué parte de tu negocio existe solo porque nunca te has atrevido a quitarla?
Qué es realmente la matriz ERIC
Su idea central es sencilla: las empresas no deberían limitarse a pelear contra sus competidores por las mismas variables de siempre.
Todos compiten por lo mismo.
Todos se copian.
Todos bajan margen.
Todos gritan más fuerte.
Todos terminan pareciéndose.
La matriz ERIC obliga a rediseñar la propuesta de valor desde cuatro decisiones:
Eliminar: quitar factores que la industria da por hecho, pero que el cliente ya no valora.
Reducir: bajar elementos que están sobredimensionados y consumen recursos sin generar suficiente valor.
Incrementar: elevar lo que el cliente sí valora y la industria entrega de forma mediocre.
Crear: inventar factores nuevos que la industria no ofrece todavía.
La magia está en que la matriz obliga a una empresa a dejar de operar por acumulación y empezar a operar por elección.
Porque casi cualquier negocio sabe agregar.
Pocos saben quitar.
Y casi nadie sabe quitar sin miedo.
El error: creer que innovar es sumar
La mayoría de las empresas confunde innovación con acumulación.
Más sabores.
Más paquetes.
Más servicios.
Más “experiencias”.
Pero muchas veces el cliente no está pidiendo más.
Está pidiendo menos fricción.
Menos duda.
Menos pasos.
Menos confusión.
Menos tiempo perdido.
La matriz ERIC es poderosa porque cambia la pregunta.
La pregunta simple es:
¿Qué más podemos vender?
La pregunta estratégica es:
¿Qué tenemos que dejar de hacer para que el valor sea más claro?
Ahí empieza la diferencia.
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