El día que Taco Bell entendió que en México no se venden tacos.

En 1992, Taco Bell llegó a México sin hacer ruido.

Nada de campañas masivas.
Nada de espectaculares.

Se metieron discretamente dentro de un KFC en la Colonia del Valle de la Ciudad de México.

Un experimento.

Ahí estaba Bob Jenkins, uno de los encargados de abrir camino fuera de Estados Unidos, observando algo que no aparecía en ningún reporte:

México no necesitaba tacos.

Aun así, la lógica corporativa era clara.

“Vamos a hacerlo auténtico”, explicaban.
Tacos suaves.
Burritos.
Ingredientes locales.
Precios accesibles.

La tesis era sencilla:
si se parecía lo suficiente, funcionaría.

Pero no funcionó.

No porque estuviera mal hecho.
Sino porque estaba fuera de lugar.

Duraron menos de dos años.


Silencio. Más de una década.

Hasta que en 2007 decidieron regresar.

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Porque aquí es donde se pone interesante:
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Sé que vas a querer seguir leyendo.