En México somos atletas del descuento.
En este país aprendimos a pagar más mucho antes de que alguien nos hablara de pricing.
Lo aprendimos en la esquina.
Ahí, bajo el letrero rojo y amarillo de un OXXO, alguien entra por una Coca, unas Sabritas, cigarros, hielo, café, una recarga, un depósito, una botana para el camino o una botella de agua que pudo haber comprado más barata en el súper.
Pero no fue al súper.
Fue al OXXO.

No porque fuera el más barato. Casi nunca lo es.
Fue porque estaba abierto. Porque estaba cerca. Porque no había que estacionarse lejos. Porque no había que cruzar medio pasillo con carrito.
Porque no había que comparar quince marcas. Porque no había que pensar.
El OXXO no vende solamente productos.
Vende interrupciones resueltas.
Vende “no quiero batallar”.
Vende algo que muchos negocios subestiman porque no cabe bonito en una tabla de costos: conveniencia.
Y la conveniencia se cobra.
Si ya tienes Premium (¡gracias, cada vez somos más!), sigue leyendo la mejor parte.
Si no, prueba Premium sin costo por 10 días.