Jumex: la marca que tuvo que dejar de vender jugo.

Hay empresas que nacen con una fábrica.
Y hay empresas que nacen con una costumbre.

Jumex nació con una lata.
Una lata azul.

Pequeña, práctica, reconocible.

Durante décadas, esa lata estuvo en loncheras, tiendas de abarrotes, refrigeradores, fondas, puestos, supermercados y manos de niños que no sabían leer una etiqueta nutrimental, pero sí sabían una cosa: eso sabía a fruta.

Y en México, esa promesa valía mucho.

Porque antes de que el consumidor hablara de antioxidantes, electrolitos, calorías vacías, hidratación funcional, cold press, kombucha, proteína, fibra, colágeno o bebidas cero azúcar, había una necesidad mucho más básica:

“Dame algo rico, confiable, barato y que pueda tomar ahorita.”

Jumex entendió eso.

Y lo exprimió durante décadas.

Pero la categoría que hizo grande a Jumex ya no se comporta igual.

El consumidor cambió.
El mercado cambió.
La conversación cambió.

Y cuando una marca lleva tantos años liderando una categoría, enfrenta un problema muy particular: su mayor fortaleza puede convertirse en su jaula.


Eugenio López Alonso no es solamente “el heredero de Jumex”.

Es una figura más compleja.

Dejó la carrera para entrar a trabajar a Jumex como asistente de mercadotecnia.

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