Alicia en el país del marketing sin dirección.
Alicia caminaba perdida cuando llegó al cruce de caminos.
No sabía si ir a la izquierda, a la derecha o seguir derecho. Entonces apareció el gato, con esa sonrisa rara de quien entiende demasiado.
"¿Qué camino debo tomar?", preguntó Alicia.
"Eso depende de a dónde quieras llegar", respondió el gato.
"No sé a dónde quiero ir".
"Entonces da igual el camino".

Y ahí, en un cuento para niños, está resumido uno de los errores más caros que cometen las empresas adultas.
Contratan marketing sin saber a dónde quieren llegar.
Piden campañas, anuncios, diseños, videos, reels, posts, pauta, copies, newsletters, automatizaciones, contenido para LinkedIn, TikToks con música en tendencia y “algo más fresco para redes”.
Pero cuando les preguntas: “¿Qué quieres que pase gracias a todo esto?”
El silencio pesa.
Y ese silencio cuesta dinero.
Cuando una empresa no sabe qué quiere provocar en el mercado, cualquier estrategia parece buena.
Cualquier propuesta suena interesante. Cualquier agencia parece capaz. Y hasta el sobrino con Canva parece opción.
Y ahí empieza el peregrinaje: un mes contenido educativo, otro mes memes, luego testimonios, después promociones, luego “hay que hacer branding”, luego “mejor leads”, luego “hay que estar en TikTok”, luego “no, mejor Google Ads”.
Movimiento hay.
Dirección, no.
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