Corona: La botella que tuvo que volver a ser ella misma.

El trabajo invisible que convierte una marca en un negocio duradero.


La botella cruzó la frontera vestida para una ocasión que nadie le había pedido.

Cuando Grupo Modelo quiso impulsar la venta de Corona en Estados Unidos, tomó una decisión que parecía lógica: cambiar su presentación para conquistar a un público nuevo.

Preparó una botella más baja, de vidrio ámbar y con figuras mayas en la etiqueta. La intención era darle una imagen especial para ese mercado.

Pero en California había consumidores que buscaban algo conocido: la cerveza que habían probado en Acapulco o Tijuana. Querían reencontrarla. Y aquella botella les estaba escondiendo el recuerdo.

El nuevo envase les dificultaba reconocerla. La empresa había cambiado un elemento que ayudaba al consumidor a conectar el producto con una experiencia agradable. Aquella botella transparente ya tenía valor, aunque ese valor no apareciera escrito en la etiqueta.

Corona había nacido en 1925, y su identidad se fue formando con los años. En 1940 incorporó una de sus características más reconocibles: la etiqueta impresa directamente sobre el vidrio.

Valentín Díez Morodo, entonces vicepresidente de ventas y responsable de impulsar esa expansión, formaba parte del equipo que tuvo que aprenderlo sobre la marcha.

Modelo recuperó la presentación original: vidrio transparente, cuello largo, etiqueta pintada. Una pieza importante del despegue comercial en Estados Unidos.


A veces, una empresa viaja muy lejos buscando cómo gustar.

Y termina dejando en casa aquello por lo que podían elegirla.

La lección es sencilla:

🍺
Pausa.

Sé que te gustan estos posts, pero solo puedes leer hasta esta parte del artículo con tu suscripción básica gratuita.

Pero ya tienes Premium (¡gracias, cada vez somos más!), continúa leyendo la mejor parte.

Si no, prueba Premium sin costo por 10 días.

No te quedes atrás de los que ya tienen acceso y le están sacando provecho.