Dime cómo va a morir tu empresa.

Charlie Munger no hablaba como gurú.

No vendía esperanza en frasco chico ni prometía convertir a cualquiera en genio de la inversión con tres hábitos mañaneros y una libreta cara.

Munger hablaba como esos viejos filosos que ya vieron demasiados negocios inflarse, demasiados egos quebrarse y demasiadas fortunas desaparecer por la misma razón de siempre: la gente no se arruina por falta de inteligencia.

Se arruina por exceso de confianza.

Durante más de sesenta años fue el socio silencioso, punzante y excepcionalmente lúcido de Warren Buffett.

Mientras el mundo buscaba la próxima gran jugada, Munger buscaba otra cosa: el hoyo. La trampa. El error evidente. La estupidez disfrazada de ambición.

Una de sus frases más famosas parece broma de cantina filosófica:

“Todo lo que quiero saber es dónde voy a morir, para nunca ir allí.”

Pero ahí está escondido uno de los modelos mentales más poderosos para empresarios, marketers, vendedores y dueños de negocio.

No preguntes primero cómo ganar.

Pregunta primero cómo perderías con seguridad.

Porque casi todos los negocios quieren crecer.
Casi todos quieren vender más.

Posicionarse, escalar, abrir otra sucursal, contratar más gente, lanzar campañas, meter IA, hacer TikToks, automatizar WhatsApp y verse más grandes de lo que realmente son.

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