El último clic se está robando el crédito de toda la campaña.

Un cliente ve tu marca un lunes.
No compra.

El martes vuelve a verla en Instagram.
No compra.

El jueves alguien le habla de ti.
No compra.

El sábado revisa tus reseñas.
No compra.

El domingo en la noche entra a tu perfil, ve tres posts, se queda pensando, se va.

El lunes tiene el problema encima.
Busca tu nombre en Google.
Le da clic al anuncio.
Compra.

Y entonces el dashboard levanta la mano, muy seguro de sí mismo, como niño aplicado en ceremonia escolar: “Yo hice la venta.”

No, tú no hiciste la venta.
Tú estabas ahí cuando la venta ya venía caminando.

Ese es uno de los grandes engaños del marketing digital moderno: nos hizo creer que, porque podemos medir el último clic, entendemos todo el proceso de decisión.

Y no.

A veces el último clic es solo la caja donde el cliente pagó.

Alex Schultz, director mundial de marketing de Meta y vicepresidente de analítica, lo pone sobre la mesa en su libro Click Here: el marketing digital se obsesionó demasiado con la medición post-clic.

Y esa obsesión provoca una mala asignación de presupuesto, porque termina dándole más crédito a los canales que están abajo del embudo, especialmente search.

El último clic se roba aplausos que no siempre merece.

Y eso está quebrando la forma en que muchos dueños evalúan sus campañas.


El dueño no ve un embudo. Ve una caja registradora.


El dueño pregunta: “¿Cuántas ventas salieron?”

Y está bien. Es su negocio. Tiene nómina, renta, proveedores, impuestos, colegiaturas, recibo de luz y una paciencia más delgada que tortilla de taquería elegante.

Pero el error está en creer que la venta se explica por el último evento visible.

Como si una relación se explicara por el día de la boda.

Antes hubo historia.

Hubo repetición. Confianza. Presencia.
Hubo conversación. Comparación.
Hubo deseo. Duda. Memoria.

El último clic solo llegó a firmar el acta.


El error del cliente con la agencia

Aquí entra la parte donde hay que poner lupa los clientes que contratan agencias.

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