La maldad de los leads.
Tema buenísimo porque toca una herida que casi todas las empresas tienen, pero pocas se atreven a poner sobre la mesa: muchas veces ventas no quiere prospectos; quiere milagros con WhatsApp.
Hay un momento pequeño, casi invisible, donde se rompe una empresa.
Ocurre cuando entra un lead.
Un nombre.
Un teléfono.
Un correo.
Una señal.
Alguien preguntó. Alguien dejó un dato. Alguien abrió tantito la puerta.
Y del otro lado, el vendedor lo mira como quien mira una piedra en el zapato.
“No contestó.”
“Nomás quería información.”
“No tiene presupuesto.”
“No está listo.”
Y ahí aparece la frase más cómoda del mundo comercial: “Marketing nos está mandando leads malos.”
No malos.
Son tempranos.
Y esa diferencia, puede ser la diferencia entre una empresa que vende y una empresa que sólo se queja con CRM.
La mayoría de los vendedores no odia los leads malos.
Odia los leads que exigen vender. Odia al prospecto que todavía no sabe explicar bien su necesidad, que compara opciones, que pregunta precio, que necesita confianza, que tiene miedo de equivocarse, que necesita seguimiento, contexto, prueba, claridad y paciencia.

Porque el vendedor promedio no quiere un lead.
Quiere un cliente ya derrotado.
Uno que llegue con el dinero en la mano, la urgencia en la frente y la objeción resuelta desde su casa.
Quiere que marketing le mande no prospectos, sino gente lista para decir: “¿Dónde firmo?”
Pero el mercado no funciona así.
Hay una famosa regla, la 95/5: alrededor del 95% de tus compradores potenciales no está listo para comprar hoy; apenas una minoría está “in-market” en este momento.
Es decir, si tu equipo comercial sólo quiere hablar con el 5% caliente, está despreciando al 95% que construye el crecimiento futuro.
Y aquí empieza la maldad de los leads.
No porque el lead sea malo.
Sino porque revela la verdad: tu proceso comercial no está diseñado para acompañar compradores; está diseñado para recibir pedidos.
El lead no es una venta. Es una señal.
Esta frase debería estar pegada en cada oficina comercial, justo al lado del café y del ego.
Un lead no es una venta cerrada.
No es una promesa.
No es una persona obligada a comprarte porque llenó un formulario a las 11:43 de la noche mientras veía Netflix.
Un lead es una señal de intención.
Y si ventas no sabe leer señales, entonces el problema no es la calidad del lead. Es la ceguera del sistema.
Ahora vamos a meternos a lo bueno.
A lo que nos dice por donde va esto.
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