La nueva epidemia del marketing.

Es la sustitución del criterio por tendencias, plantillas y prompts que cualquiera puede copiar.


En enero de 2009, Tropicana llegó al supermercado vestida de otra marca. Había cambiado la caja de su jugo más vendido.

El problema comenzó cuando la nueva caja llegó al anaquel y los consumidores no la encontraron. Algunos pensaron que Tropicana había desaparecido; otros confundieron sus variedades y muchos caminaron de largo.

En menos de dos meses, las ventas cayeron cerca de 20% y la empresa perdió más de 30 millones de dólares. PepsiCo retiró el rediseño y regresó a la vieja naranja con el popote. El mercado no había rechazado lo nuevo: simplemente había dejado de reconocer lo conocido.

La historia quedó como uno de los grandes tropiezos del branding moderno.

Tropicana quiso verse contemporánea y terminó viéndose genérica. Quiso parecerse menos a su pasado y acabó pareciéndose más a todos los demás.

Casi dos décadas después, la misma escena se repite cada mañana, pero ahora sucede en una pantalla.

Todas quieren diferenciarse, pero todas descargaron la misma plantilla para conseguirlo.

Las marcas perdieron criterio y ni siquiera lo notaron.


Cuando la autenticidad se volvió uniforme.


La especialista en psicología del consumo, Elsa González Gil, describe esta contradicción así:

👥
Pausa.

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