Mazapán De la Rosa: La marca que la gente bautizó.

Cómo una amenaza legal, una sustitución inteligente y un dulce frágil construyeron uno de los productos más poderosos de México.


En la vitrina había cinco o seis marcas de mazapán.

El cliente pedía uno. El tendero tomaba cualquiera. Entonces llegaba la corrección, sencilla pero definitiva:

"No, ese no. El de la rosa".

No había focus groups, dashboards ni consultores tomando notas. Solamente había compradores describiendo, con sus propias palabras, el producto que querían.

Jesús Michel González escuchó.

Cuando el consumidor empieza a llamar a tu producto de una manera distinta a como tú lo bautizaste, quizá no es el consumidor quien está equivocado.

Quizá es tu marca la que debe cambiar.

El producto todavía se llamaba Conitas. Pero en las tiendas ya era “el mazapán de la rosa”. Don Jesús hizo lo obvio, que casi nunca resulta obvio dentro de una empresa: abandonó el nombre que había elegido y registró el nombre que el mercado ya estaba utilizando.

Así nació De la Rosa.
No en una sala de juntas.

En la boca de la gente.


Primero fue la necesidad.

La familia Michel comenzó a elaborar dulces artesanalmente en su casa desde 1942. Jesús Michel había aprendido a trabajar con fórmulas durante su paso por una farmacéutica y utilizó esos conocimientos para experimentar con pastillas perfumadas, malvaviscos, chocolates y otras golosinas.

Pero el mazapán que conocemos todavía no existía.

🌹
Pausa.

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