No vendas lo que tú quieres. Véndeme lo que yo necesito.
Hay una frase que debería estar pegada en la pared de todas las oficinas de negocios que están intentando vender algo:
“Give me what I want to buy, not what you want to sell.”
Dame lo que yo quiero comprar, no lo que tú quieres vender.
Parece una obviedad, pero buena parte de las empresas hacen exactamente lo contrario.
Diseñan productos que les entusiasman, desarrollan servicios que consideran extraordinarios, construyen marcas que les parecen maravillosas y después invierten cantidades importantes de dinero intentando convencer al mercado de que debería quererlas.
Cuando las ventas no llegan, buscan culpables.
Que si la publicidad no funciona. Que si los consumidores no entienden la calidad. Que si la competencia está regalando sus productos. Que si la gente solamente busca precios bajos.
Pero pocas veces se hacen esta pregunta: ¿Y si estamos intentando vender algo que el consumidor simplemente no quiere comprar?
Los hermanos que entendieron al consumidor mexicano.
En 1958, los hermanos Jerónimo, Plácido y Manuel Arango comenzaron a transformar la manera de comprar de los mexicanos.

Su familia tenía un negocio de ropa en el centro de la Ciudad de México. Pero Jerónimo había observado algo interesante durante sus viajes a Estados Unidos: las tiendas de descuento estaban atrayendo consumidores con una propuesta muy sencilla.
Comprar diferentes productos en un mismo lugar, a precios accesibles.
En México, el comercio todavía funcionaba principalmente mediante establecimientos especializados y formatos tradicionales.
Los Arango vieron una oportunidad y así nació Aurrerá.
Su propuesta era:
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