¿Eres el cliente que nadie quiere tener?
Contratas a una agencia de marketing. Durante las primeras semanas todo marcha bien. Hay ideas, propuestas, entusiasmo y reuniones donde todos parecen convencidos de que están construyendo algo importante.
Pero poco a poco comienzas a notar algo extraño. Las propuestas se vuelven menos atrevidas, las reuniones más breves y las personas que antes sugerían mejoras ahora se limitan a ejecutar exactamente lo que les pides.
Piensas que la agencia perdió creatividad, que tu diseñador ya no tiene iniciativa o que aquel freelancer que tanto te sorprendió al principio simplemente dejó de esforzarse.
Lo que quizá no has considerado es que podrías ser tú quien está apagando el talento que contrataste.

Y no necesariamente porque seas una mala persona, sino porque has desarrollado hábitos que hacen extraordinariamente difícil trabajar contigo.
Hay empresarios que se preguntan constantemente cómo identificar a un mal proveedor, pero muy pocos se preguntan si ellos mismos son buenos clientes.
Y esa segunda pregunta puede ser mucho más importante para sus negocios.
Vamos con 5 puntos que ponen el dedo en la llaga:
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