Apple puso el escenario. Samsung se metió en la foto.
Cómo aprovechar la atención que genera tu competencia y convertirla en una razón para que te compren a ti.
Antes de entrarle al caso, pongo mis cartas sobre la mesa: soy fan y usuario de Apple desde hace muchos años.
Me gustan sus productos y forman parte de mi vida cotidiana, pero esa preferencia no me impide reconocer una buena jugada de Samsung ni analizar lo que hace Apple con ojo crítico.
Cuando hablamos de marketing, la lealtad a una marca no debería nublarnos el criterio. Así que, por un momento, dejo el iPhone sobre la mesa y me pongo el sombrero de mercadólogo.
Durante siete años, Samsung tuvo un teléfono que se doblaba y una pregunta que parecía no terminar de responderse: ¿para qué quiero uno?
En septiembre de 2026, Apple llegó con su propia respuesta. Presentó el iPhone Duo, su primer teléfono plegable. El aparato pertenecía a una categoría que ya tenía historia, pero llevaba una manzana en la espalda. Y eso le daba otra capacidad para despertar curiosidad.

Samsung llevaba tiempo en aquella casa. Ahora llegaba un vecino capaz de organizar una fiesta y hacer que pareciera inauguración.
La respuesta de Samsung Canadá tuvo poco de conferencia tecnológica y mucho de pleito familiar: un video de su Galaxy Z Fold8 acompañado por el audio de Kourtney Kardashian quejándose de que le copiaban el estilo.
Sobre la imagen, una frase remataba la insinuación: la imitación es la forma más sincera de adulación.
El chiste cabía en unos segundos. El argumento llevaba años preparándose.
Samsung comenzó a comercializar el Galaxy Fold en septiembre de 2019. Frente al estreno de Apple, podía convertir esa trayectoria en una pregunta no muy agradable: si esto representa el futuro, ¿quién llevaba tiempo construyéndolo?
Apple presentaba una novedad. Samsung intentaba convertirla en reconocimiento retroactivo.
Utilizar la entrada de un competidor poderoso como validación de una apuesta propia. Conseguir que el acontecimiento ajeno vuelva relevante algo que tú ya tenías.
Muchas empresas conocen esa frustración. Llevan años ofreciendo un servicio, desarrollando una especialidad o defendiendo una manera de trabajar. Un competidor con más presupuesto llega, le pone un nombre atractivo y recibe los aplausos.
La reacción habitual es decir: “Eso nosotros ya lo hacíamos”.
Pero existe un problema.
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