Comprar estas marcas ya no da vergüenza.
Por qué la clase media ya compra marca propia.
Una mano toma el café de marca porque ahí no está dispuesta a negociar el sabor.
Luego deja el detergente famoso, compara dos etiquetas y elige el de la tienda. Más adelante mete papel higiénico Great Value y un paquete Member’s Mark.
No se volvió pobre de repente.
Se volvió más difícil de convencer.
Durante años, las grandes marcas construyeron una frontera imaginaria: de un lado estaban los productos confiables, aspiracionales y bien anunciados; del otro, las marcas propias, esas cajas desangeladas que parecían pedir disculpas por existir.

Pero la frontera se borró.
La clase media descubrió algo que las marcas preferían mantener oculto: en muchas categorías, una parte del precio no paga un mejor producto. Paga distribución, celebridades, promociones, exhibiciones, intermediarios y toneladas de publicidad.
Y de pronto, el consumidor aprende a separar el producto del cuento.
La clase media no dejó de comprar marcas. Dejó de comprarlas a ciegas.
La marca propia ya no es una compra marginal reservada para quien llega al supermercado contando monedas.
De acuerdo con Nielsel IQ, los productos de marca propia ya están presentes en 99.6% de los hogares mexicanos. En América Latina, dos de cada diez compras en la región ya incluyen algún artículo de este tipo. El gasto, además, se encuentra distribuido de manera relativamente equilibrada entre los diferentes niveles socioeconómicos.
Aquí aparece una aparente contradicción interesante:
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