Don Julio: Cuando una botella deja de vender tequila.

La historia no empezó con una botella elegante.

Empezó con una muerte.

Julio González-Frausto Estrada nació en 1925 en los Altos de Jalisco. Cuando tenía apenas 15 años murió su padre y Julio quedó frente a una realidad bastante menos romántica que “seguir su pasión”: había una madre y siete hijos que mantener.

Consiguió trabajo como peón agrícola.
Ganaba nueve pesos por semana.

El problema es que nueve pesos alcanzaban para muy poco cuando había ocho personas esperando en casa.

Así que hizo algo que, visto desde hoy, parece casi una premonición de toda su carrera: empezó a vender tequila.

Recorría Jalisco a caballo, cargando pequeños barriles de madera y buscando clientes. El cambio fue considerable: pasó de ganar aquellos nueve pesos por semana a conseguir aproximadamente nueve pesos diarios con la venta de tequila.


En 1942, Julio González no tenía una gran compañía de bebidas.

Tenía una idea.
Y necesitaba dinero para ponerla en marcha.

Así que convenció a un empresario local para que le prestara lo necesario y fundó La Primavera, una destilería en los Altos de Jalisco.

Tenía 17 años y su obsesión no era producir más tequila.
Era hacerlo mejor.

A los 15 estaba tratando de sustituir un jornal de nueve pesos. Dos años después estaba endeudándose por veinte mil para construir una destilería.

Durante años cuidó personalmente los agaves, esperando su maduración y seleccionando las plantas que consideraba adecuadas para producir un tequila distinto al que dominaba el mercado mexicano de aquella época.

Más de ocho décadas después, aquella obsesión aparece convertida en otro número.

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Pausa.

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