Heinz encontró negocio en el bolsillo del árbitro.

Cómo una marca sin patrocinio oficial encontró una verdad del consumidor, la empaquetó y se metió en la conversación más grande del planeta.

El árbitro metió la mano en el bolsillo.

Durante un segundo, el estadio contuvo el aliento. Alguien había llegado tarde. Alguien había protestado demasiado. Alguien estaba a punto de abandonar el partido.

Pero esta vez la tarjeta roja no expulsó a ningún jugador.

Se abrió por una esquina.

Y de ella comenzó a caer ketchup sobre unas papas.

La amarilla tampoco fue una advertencia. Era mostaza.

Durante décadas, las tarjetas habían servido para castigar lo que ocurría dentro de una cancha. Heinz decidió utilizarlas para castigar algo mucho más grave: una hamburguesa sin suficiente salsa.

Así nacieron los Penalty Packets, sobres de ketchup y mostaza diseñados como las tarjetas roja y amarilla del futbol. No son simplemente empaques con forma divertida: contienen el doble de producto que un sobre convencional y convierten un gesto universal del deporte en una acción que cualquier aficionado puede repetir frente a su comida.

Heinz no hizo un comercial sobre el Mundial.

Hizo que una parte del Mundial pudiera abrirse, exprimirse y comerse.


Una idea que cabe en un bolsillo.

La campaña fue desarrollada por The Kitchen, la agencia interna de Kraft Heinz, y apareció durante la fase decisiva del torneo mediante videos sociales, creadores de contenido, publicaciones de consumidores y el hashtag #PenaltyPackets.

La dinámica es ridículamente fácil de entender.

Así funciona:

🍟
Pausa.

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