Mercado Libre: Convertir un problema en ecosistema.

Construyeron una empresa alrededor de las razones por las cuales su producto podía fracasar.


En 1999, Internet todavía hacía ruido.
Antes de conectarse había que esperar que un módem chillara.

En América Latina menos del 3% de la población estaba conectada.

Y Marcos Galperin tenía una idea que parecía particularmente absurda para ese lugar y ese momento: convencer a un latinoamericano de que le entregara dinero a un desconocido para comprar algo que jamás había visto ni tocado.

Antes de lanzar Mercado Libre hizo una pequeña encuesta entre veinte compañeros latinoamericanos de Stanford.

Les preguntó si creían que aquello funcionaría.

Los veinte dijeron que no.
Todos.

Pensaban exactamente lo mismo que probablemente habría pensado cualquiera en 1999: ¿Quién demonios va a pagarle por Internet a una persona que no conoce?


El garaje.

Esta vez el garaje sí existió.

La familia de Galperin tenía un edificio con algo extraordinariamente escaso entonces: conexión de banda ancha. Le prestaron dos cocheras.

Había computadoras, servidores, cables y un grupo de personas intentando construir un mercado donde todavía casi no había compradores.

Y quizá ahí comienza la verdadera historia de Mercado Libre.

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Pausa.

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