On: Las grandes ideas primero parecen una estupidez.
Olivier Bernhard recibió una llamada extraña.
Bernhard no era un corredor de domingo. Era campeón mundial de duatlón, ganador de varios Ironman y atleta patrocinado por Nike. Había pasado buena parte de su vida buscando segundos donde los demás encontraban cansancio.
Del otro lado del teléfono había un ingeniero suizo.
Le pidió algo bastante simple: Mándame tus tenis.
Bernhard aceptó.
Unos días después recibió de vuelta sus Nike, solo que ya no parecían Nike. En la suela alguien había pegado pedazos de manguera de jardín. De esa que tienes enrollada afuera de tu casa.

Los pequeños tubos atravesaban la suela como amortiguadores improvisados y convertían un elegante zapato deportivo en una especie de experimento escolar mal terminado.
Bernhard pensó que eran tan feos que decidió esperar hasta la noche para probarlos, para que nadie de su pequeño pueblo lo viera corriendo con semejante cosa.
Salió. Corrió. Y después de unos cuantos metros ocurrió algo.
Se sentían distintos.
Los pequeños cilindros se comprimían al aterrizar y recuperaban su forma al despegar. Bernhard había encontrado algo que llevaba años buscando: una caída suave sin perder la sensación de impulso al siguiente paso.
Aquella cosa horrible debajo de unos Nike terminaría evolucionando en CloudTec, la tecnología que todavía hoy distingue visualmente a los tenis On.
Y aquí empieza una de las historias más interesantes del marketing contemporáneo.
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