Owala: La botella que fracasó hasta que aprendió a ser deseada.

Cómo una familia convirtió un fracaso comercial en un fenómeno de consumo, utilizando el poder del posicionamiento, el color y la escasez.


Steve Sorensen entró a una tienda estadounidense para observar algo que ningún empresario disfruta: cómo se comportaban los consumidores frente a su nuevo producto.

Había trabajado durante años en una botella para agua con una innovación interesante. Su empresa tenía experiencia, distribución, recursos y una marca reconocida. En teoría, contaba con todos los ingredientes para triunfar.

Sin embargo, lo que vio resultó desconcertante.

Los compradores se acercaban al exhibidor, miraban sus botellas y continuaban caminando hasta detenerse frente a las de la competencia. Era 2019.

No era un problema de ubicación. Tampoco parecía un problema de calidad.
Simplemente, nadie las quería.

Aquella noche, Steve envió un mensaje a su hijo Michael, quien trabajaba en la compañía. Había llegado a una conclusión que cambiaría el destino del negocio: aquel producto no iba a funcionar bajo la marca BlenderBottle.

Necesitaban empezar de nuevo.

Lo extraordinario es que la solución no consistiría en inventar otra botella Consistiría en cambiar lo que aquella botella significaba.


Una familia, una pelota de metal y una oportunidad.

Para entender esta historia debemos regresar al año 2000, cuando Steve y Kim Sorensen comenzaron un negocio desde su casa en Utah.

Su producto era BlenderBottle, un vaso mezclador que incorporaba una pequeña esfera metálica conocida como BlenderBall, diseñada para ayudar a disolver proteínas y suplementos sin necesidad de una licuadora.

La idea funcionó.

Con los años, BlenderBottle se convirtió en una marca reconocida entre deportistas, aficionados al gimnasio y consumidores de suplementos alimenticios.

Sin embargo, mientras el negocio crecía, Steve descubrió un comportamiento que despertó su curiosidad.

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Pausa.

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