Una mañana cualquiera.
Pasillo de lácteos en el mercado.
Decenas de cajas blancas alineadas como soldados:
leche entera, deslactosada, light, proteína, calcio, omega, orgánica.
Todas gritan lo mismo.
“Más nutrientes.”
“Más vitaminas.”
“Más beneficios.”
Y sin embargo, hay una que siempre termina en el carrito.
La de Lala.
No porque